viernes, 14 de octubre de 2011

Soledad

No se había dado cuenta del tiempo transcurrido desde que llegó. Solo en el cementerio, inmóvil, miraba fijamente el nicho.

Ayer vio una fotografía donde estaba ella. Un sentimiento extraño afloró en su cuerpo. No pudo estar presente en su entierro.

Trataba de comunicarse con ella, sus pensamientos se dirigían a ella preguntándole el por qué. Era él quien debía estar allí. Ella cambió su vida por la de él, al menos eso creía. Él estuvo a un paso de la muerte, pero renació.

Sintió frio. Se sintió desvanecer. Alguien lo sujetó mientras caía.

“No te preocupes más, ya estamos juntos”.

1 comentario:

Hna. Li dijo...

No hay intercambio posible, a cada uno llega en su momento... ni un minuto antes.... ni un minuto después...