Llovía torrencialmente. Juan, viejo arriero, se calentaba al fogón improvisado, bajo unas rocas al pie de los acantilados del macizo cordillerano. Debía moverse de ahí pronto, sabía que con esa cantidad de agua en cualquier momento podía producirse un derrumbe. Ya estaba oscuro cuando empezó a cabalgar. Llegó a una planicie existente entre las montañas. Había pasado por ahí muchas veces. Esta vez se veía diferente. Muchas historias se contaban del lugar. Se decía que vivió un pueblo mapuche. Que un día desaparecieron. Que sus espíritus vagaban por ahí. Nunca vio nada. Su caballo apareció una semana después del temporal.
viernes, 14 de octubre de 2011
El arriero
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario