Era un cementerio como cualquier cementerio. Nichos, tumbas y mausoleos. Olor a flores y muerte. Frio y lúgubre. Detrás de la comitiva voy yo. Para mí son todos iguales, los del campo y la ciudad, grandes y chicos. El nicho más antiguo que vi era del 1890. Llegamos. Llantos y discursos, despedidas y recuerdos. Los panteoneros comenzaron a echar tierra sobre el féretro. Seguí mirando mientras caminaba. El silencio se hizo más intenso. La maleza crecía por todos lados. Nadie alrededor. Buscaba fechas. “07 de diciembre de 1844”. “Aquí reposan…” faltaba un pedazo. Me fui a despedir de los deudos.
viernes, 14 de octubre de 2011
Aquí reposan
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